El Chofer del Licenciado


Sé que El Licenciado me amó con toda su alma. Mirando hacia atrás, debe haber sufrido mucho, viéndome llorar por Armando. Recuerdo el día que me dijo que jamás me volviera a coger pena por un hombre.

Recuerdo tambien las tantas veces que me llamó para cantarme el bolero Usted. Han pasado más de quince años y apenas recuerdo el Johnny de esa primera vez con otro hombre.

No recuerdo cómo yo pensaba, pero debo haber sido un pesado cuando El Licenciado me advirtió que con el tiempo, yo cambiaría. El apartamento del Licenciado fué el escondite de mis primeras locuras. Lo fué, mucho antes que conociera a Robles, cuando ni siquiera me imaginaba que pisaría Tía María y mucho menos, que estaría contando en un blog, mis aventuras sexuales con tantos machos.

El Licenciado en ese tiempo era un hombre muy conocido. Aún lo sigue siendo, pero luego de su derrame cerebral ha reducido sus actividades públicas. Se ha recuperado mucho, pero no es ni la sombra de lo que era. Lo ví hace poco, en plena calle, esperando una guagua de la AMA que lo llevara a una cita médica. Completamente sólo, sin su ama de llaves, sin su hija.

Me vió como quién mira un espejismo, creo que por un instante perdió el sentido del tiempo. Se sorprendió de lo bien que me veía, “mejor que nunca” cómo me dijo. Recordé las tantas veces que me llamó para rogarme, que pasara por su apartamento, aunque fuera para abrazarlo.

Por mucho tiempo fuí su mejor juguete. Y en su apartamento me clavé a todos sus amigos. El primero fué el que había sido su chofer. Un hombrote de sobre seis pies, parco y medio bruto, casado con dos hijos, que aun mantenía una relación amistosa con El Licenciado, a pesar de que había conseguido otro trabajo.

Esa noche El Licenciado me pidió que fuera a su apartamento, que su ex-chofer había conseguido como escaparse de su esposa. Cuando me lo presentó, no podía creer que un machazo como ese le tuviera tanto terror a una mujer celosa. Tanto El Licenciado como su ex-chofer eran sumamente varoniles. Confirmaban mi creencia de que no éramos maricones, que éramos machos que le gustaban otros machos.

El Licenciado orquestó todo. El Chofer parecía que no hacia nada al menos que El Licenciado le diera instrucciones.

El Licenciado nos llevó a su cuarto y le pidió a su ex-empleado que se quitara la ropa. Se metió en el baño y regresó completamente desnudo. Tenía uno de los bichos mas gordo que he visto en mi vida.

El Licenciado le agarró la pinga y me pidió que se lo mamara. Le mamé la pinga por un ratito, mientras me quitaba la ropa. Sin esperar más instrucciones lo puse a mamar.

El Chofer no decía nada, sólo actuaba. Como era un hombre tan grande, le pedí que se pusiera en cuatro. Así sería mas cómodo clavarlo. Lo tuve que lubricar un monton porque mi bicho no entraba en su culo, que estaba tan cerrado por el grillete que le tenía la mujer.

Cuando finalmente lo penetré completo, le estuve dando pinga, mientras El Licenciado nos observaba. Le preguntaba al Chofer si le gustaba mi maceta. El decía que sí con la cabeza.

Me aguantó sólo un polvo. A solas le pregunté si le había gustado. Me hizo una expresión de que lo había esbaratao. No sé qué excusas le daba a su mujer, pero le esbaraté ese culo mucha veces.

 

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