Atracción animal


¿Qué tienen algunos machos que me arrebatan como una perra? Yo que me jacto de que ya nada me sorprende con todo lo que he chingao, viene un macho como el del parking a joderme la cabeza.

Mara no puede creer lo pendejo que me pongo cada vez que lo veo. Al principio me decía que era feo, pero con el tiempo ha reconocido que el tipo está bueno. Yo le digo el Egipcio, porque ni sé como se llama. Es un macharrán medio trigueño con unos ojazos verdes, un pecho y una cintura de dioses de obelisco.

Una mirada del Egipcio basta para sonrojarme y cada vez que me saluda con esa cara de bellaco que tiene, me vengo. ¿Qué carajo tiene este hijeputa que me pone tan malo?

Como me pone el bailarín. Lo había visto varias veces en Eros. Lo reconocí de inmediato porque lo había visto bailando en conciertos y en televisión.

El tipo tenía una cintura del carajo y una nalgas brutales. Blanco, como de 5′7″ de estatura y el pelo castaño, lacio hasta los hombros.

Con la cam he conectado un montón de machos que normalmente en la disco no te van a mirar por el qué dirán. Son los chicos de bien, que no quieren manchar su dizque buena reputación. Y si le sumas que por haber salido bailando par de veces en la televisión, se creen figuras públicas, menos te van a hacer caso.

El cazador usa todas sus armas para atrapar su presa. Y siempre espera el momento justo. Cómo cuando me conecté por la cam con el bailarín. Cuando le enseñé la maceta, se montó en su carro y llegó a mi apartamento en menos de media hora.

Como todos los chicos de bien, me dijo que hacia tiempo no lo clavaban. Le dije que si había llegado al matadero, era para aguantar bicho. Lo puse a mamar. Le quité la ropa y cuando ví esas nalgotas que siempre me arrebataban en la disco, me volví loco. Tenía esa curvatura del final de la espalda que le hacía sobresalir mucho más ese culo sólido de bailarín.

Lo puse de espalda sin pena y me lo clavé como un animal. A macetazo limpio lo fuí llevando al borde de mi cama, a la esquinita del mattres. Le estuve dando bicho con un azote, que rebotaba. El se miraba en las puertas de espejo del closet, completamente encajao en mi bicho, chocando con todo mi cuerpo, mientras me decía que yo estaba cabrón. Así me vine la primera vez, y la segunda. Al tercer polvo me dijo que ya le dolía, pero comoquiera me sacó la leche con su culo tan rico.

A cada rato me llama para que me lo clave. Sólo viene a mi apartamento cuando quiere bicho de verdad. Hemos coincidido varias veces en Eros y en Starz. Siempre lo dejo con las ganas de bailar conmigo. Es que también soy un chico de bien.

Así le quiero dar al Egipcio. La línea del pecho hasta la cintura me vuelve loco. Y esa mirada verde. Ese cabrón me pone tan bellaco. Pura atracción animal.

 

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