Parque Central

Uno de
mis deportes favoritos es el tenis. En todos mis recuerdos desde mi niñez,
siempre está presente una raqueta de tenis. Mis primeras raquetas fueron unas Wilson
de madera con la firma de Jimmy Connors. Las recuerdo muy bien, porque de vez
en cuando, Mami me daba unas pelas con la primera que agarraba.
Creo
que algo que han tenido en común la mayoría de mis panas es que jugamos tenis.
Todos excepto Robles y Armando. A Robles las raquetas que le interesan son las
que tienen un grip de por lo menos 8 pulgadas y Armando no había
manera que él le diera a las bolas.
Desde
que era un chamaquito me iba en guagua al Parque Central de San Juan a jugar
tenis casi todos los fines de semana. Lo irónico es que desde que tuve mi
primer carro, las visitas al Parque fueron menos frecuentes. Hoy día casi no
juego tenis. Mis pocas visitas al Parque Central ahora son para llevar a uno de
mis sobrinos a practicar el juego.
Todos
mis panas gays me han hecho unas clases de cuentos de cosas que le han pasado
en el Parque. Siempre quedo bruto, porque las cosas sexuales en lugares
públicos para mí es un turn off cabrón. Además, al Parque Central yo
voy simplemente a jugar tenis. Y no se crean que son solamente los gays que me
han hecho estos cuentitos.
Con la
fiebre de jogging que le dió a este pais hace años atrás, también vino
una fiebre de meter cuernos, que se originaron todos en el dichoso Parque
Central. Así que mis mujeres engañadas, si tu maridito te vino con este cuentito,
te aseguro que eres una cabrona deportista.
No
recuerdo bien si ese día estaba en el Parque con Mami y mi sobrino, estoy casi
seguro que sí. Era un día de semana que estaba de vacaciones de hace par de
veranos atrás. En un momento que fuí al baño, noté que un tipo me seguía.
El
Parque Central ha cambiado notablemente desde mis días que me montaba en
Cuando
llegué al baño me encontré con un tipo guapísimo que las pocas veces que lo
había visto anteriormente había sido en Tía María. Me ponía grave, porque me
parecía bien macharrán. Creo que cuando me vió me reconoció y que se le paró el
bicho. Fué algo instantáneo, sin palabras. Mi reacción inmediata fué acercarme
a él, que se estaba lavando las manos. Nos miramos fijamente y cuando iba
agarrarme el bicho, entró al baño el tipo que me estaba persiguiendo. Me dió la
impresión que se conocían.
El
tipo que entró fué directo a una de las duchas que tienen puerta y nos invitó a
entrar. No sé cómo me dejé arrastrar, pero tenía a esos dos machos mamándome el
bicho en una de las duchas de los baños del Parque Central. Estaba tan nervioso
que empecé a buscar la manera de salir de allí. Me decepcionó el macharrán que
siempre había visto en Tía María. No tenía necesidad de hacer eso y tenía una
mierda de bicho.
Les quité
el bicho de las bocas a los dos y sin decir nada me fuí de ese baño. Los ví
salir también, me imagino que buscando otros bichos.
Regresé
al Parque Central unos meses depués a buscar una solicitud para unas clases de
tenis para mi sobrino. Ese día me tiré a un tipo casado, que estaba en el
Parque tomando fotos.







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