Sexo sin penetración

Paula
siempre me pregunta por mi Brad Pitt. Quedó bruta y sin idea cuando se lo
presenté. Me dijo que se iba a montar en su cafetera para tirarse por un
barranco. No lo podía creer.
Conocí
a mi Brad Pitt precisamente en Tía María. Esa noche me rankeé. Recuerdo que
estaba con un grupo de panas, entre ellos un excompañero de trabajo que siempre
he sentido que compite conmigo. Es de lo más guapo el nene, pero bicho como él
sólo.
Pues
esa noche estaba con mi grupito de siempre, jodiendo alrededor de las mesas de
billar. Cerca de las nueve de la noche llegó este macho americano idéntico al
Brad Pitt de Thelma & Louise. Tía María se paralizó, creo que
hasta la vellonera dejó de sonar.
El
tipo entró mirando lo que había. Recuerdo que mi excompañero de trabajo dió
ojos, cara, pelo y se le plantó en el medio. El tipo simplemente se sonrió con
él y al seguir caminando, se fijó en mí. Desde ese momento no me quitó la
mirada de encima. Era como si yo fuera el único que existía en Tía María.
Me
puse bien pendejo. No sabía qué hacer. Yo creo que se dió cuenta, porque buscó
la forma de acercarse y tan pronto estuvo a mi lado me preguntó mi nombre. No
recuerdo la conversación que tuvimos porque lo único que yo pensaba era que
todos esos maricones paralizados me iban a linchar.
No me
gustan que me vean salir de un sitio con un macho. Uno no debe quemarse en los
sitios. Pero esa noche me dí el gustazo de salir de Tia María con el doble de
Brad Pitt, que de ahora en adelante lo identificaré con su nombre, Frank. Frank
me invitó a su habitación en Atlantic Beach.
Hasta
esa noche, nunca había subido a las habitaciones de Atlantic. Subimos y le pedí
si me dejaba bañar, porque Tía María te deja con una jodía peste de cigarrillos
cabrona. Se metió conmigo en la ducha y desde entonces no me dejó de besar.
Acabaditos
de bañar nos metimos en la cama. Frank fué bien oral conmigo. Descubrimos en la
cama que ambos éramos tops. Entre besos hicimos un acuerdo de disfrutarnos
plenamente sin que ninguno penetrara al otro. También descubrí en la cama que
la razón que llegó a ese acuerdo conmigo, era porque no podía sostener una
erección por mucho tiempo.
Frank
y yo repetimos en muchas ocasiones, cada vez que su trabajo lo traía a Puerto
Rico. En una de esas ocasiones almorzamos en la cafetería donde Paula y yo
desayunábamos todos los días. Se lo presenté a Paula, para que me respetara.
Antes
de mi viaje a Italia me encontré con Robles en Atlantic. Al poco rato vi entrar
a Frank con un grupo de amistades. Se fijó en mí, pero no me reconoció. Noté
que andaba con su pareja.
Al poco rato ví que iba para el baño y lo seguí. Sólos en el baño se sonrió conmigo, aún sin reconocerme. Me sonreí con él.
-”Definitivamente
no te acuerdas de mí”- le dije.
-”¿Nos
conocemos?”- me contestó Frank, mirándome fijamente intrigado.
-”¿Te
llamas Frank?” le pregunté. Me dijo que sí y molesto le dije que nos
conocíamos. - “Soy Johnny”.
“Johnny”-
repitió reconociéndome. Le pregunté si realmente se acordaba de mí.
“Sí,
me acuerdo de tí.”- me dijo buscando mi maceta. -” Te conocí una noche en Tía
María, y fuí directo a donde tí. Nos fuimos juntos para mi habitación.”
También
me dijo que me veía bien distinto, que había echado cuerpo y con la cabeza
rapada, jamás me iba a reconocer. Que me veía muy bien y me preguntó apenado
como yo lo encontraba a él. Le dije igual, pero más viejo. Me dijo que acababa
de cumplir los 46. Nos despedimos agarrándonos los bichos que nunca nos
metimos.
Frank
pasó toda la noche mirándome.







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